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DÍA 16
DISCERNIR EN FORMA ESPIRITUAL
Por John Wesley
1Co 2:14 Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del
Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede
entender, porque se han de discernir espiritualmente.
¿Cómo podrá un alma que tiene el verdadero testimonio del Espíritu
distinguir entre éste y el falso? ¿De qué manera distinguís entre el
día y la noche, entre la luz y las tinieblas; la luz de una estrella o
la de una vela, y la luz del medio día? ¿No hay una diferencia obvia,
esencial, entre una y otra luz? ¿No percibís la diferencia
inmediatamente por medio de vuestros sentidos? De la misma manera,
existe una diferencia esencial e intrínseca entre la luz y las
tinieblas en lo espiritual; entre la luz con que alumbra el Sol de
justicia al corazón verdaderamente convertido y la luz débil y
vacilante que producen las chispas de nuestro fuego moribundo. Esta
diferencia la perciben nuestros sentidos sin la menor dificultad
siempre que no estén adormecidos. Cuando están en su estado normal.
El exigir una descripción más detallada y filosófica de la manera de
distinguir estas señales y del criterio que usamos para conocer la voz
de Dios, es pedir lo que no se puede obtener, ni aun por aquellos que
tienen el más profundo conocimiento de Dios. Supongamos que al estar
hablando Pablo ante Agripa, el sabio romano le hubiese dicho: —Nos
dices que oíste la voz del Hijo de Dios: ¿cómo sabes que fue la voz de
Dios? ¿Por medio de qué criterio o de qué señales especiales puedes
distinguir la voz de Dios? Explícame la manera de distinguir entre
esta voz y una humana o angélica. — ¿Creéis por un momento que el
Apóstol se habría ocupado en contestar pregunta tan ociosa? Y sin
embargo, no nos cabe la menor duda de que en el momento cuando escuchó
la voz, supo que era la voz de Dios. Pero el cómo supo esto, ¿quién
podrá explicarlo? Ni los hombres ni los ángeles. Más aún: Figurémonos
que Dios dice a cierta alma: “Tus pecados te son perdonados;”
indudablemente que hará que esa alma reconozca su voz, de otra manera
hablaría en vano. Y esto lo puede hacer, porque siempre que quiere
hacer algo, el querer con El es poder. Así obra el Señor y esa alma
plenamente segura dice: “Esta es la voz de Dios.” Y sin embargo, los
que tienen en sí mismos ese testimonio no lo pueden explicar a los que
no lo tienen; ni es de esperarse que puedan hacerlo, porque si hubiese
algún medio natural de explicar las cosas de Dios a aquellos que no
han experimentado tal cambio, entonces el hombre natural podría
discernir y saber las cosas del Espíritu de Dios; lo que estaría en
contraposición con lo que dijo el Apóstol, que “no las puede entender,
porque se han de examinar espiritualmente;” por medio de sentidos
espirituales de que carece el hombre natural.