El grupo al cual envías entradas es un grupo Usenet. Si envías mensajes a este grupo, cualquier usuario de Internet podrá ver tu dirección de correo electrónico
Tu respuesta no se ha enviado.
Tu entrada aparecerá cuando los moderadores la hayan aprobado.
"Estoy limpio de esto; he puesto guarda a mi boca y guarda a la puerta
de mis labios."
¡Qué pecado tan común es este de la murmuración, entre los hombres de
todas clases y condiciones! ¡Cuán fácilmente caen en él los nobles y
los bajos, los ricos y los pobres, los prudentes y los tontos, los
sabios y los ignorantes! Individuos que se diferencian en muchas
cosas, se asemejan en esto. ¡Qué pocos son aquellos que pueden
testificar en la presencia de Dios!:
"Estoy limpio de esto; he puesto guarda a mi boca y guarda a la puerta
de mis labios." ¿Qué conversación oís de la que no forme gran parte la
murmuración, aun entre aquellas personas que en lo general temen a
Dios y desean con toda sinceridad conservar su conciencia sin ofender
a Dios ni al hombre?
La generalidad con que se comete este pecado hace que sea difícil
evitarlo. Como quiera que por todas partes nos rodee, si no nos
apercibimos del peligro y velamos constantemente en contra de él,
corremos el riesgo de ser arrastrados por la corriente. En este
respecto, casi todo el mundo, como quien dice, conspira en contra
nuestra. Su ejemplo leuda nuestra vida, no sabemos ni cómo, pero en
forma que sin sentir imitamos a los demás. Añádase a ello que esta
tentación exterior encuentra eco en nuestro interior, y casi todas las
malas disposiciones de los hombres encuentran satisfacción en este
pecado, y por consiguiente, nos guían hacia él. El relatar las faltas
de otros, de las cuales creemos estar libres, halaga siempre nuestra
soberbia. La cólera, el resentimiento y toda clase de mal genio
encuentran alivio al hablar mal de aquellos en quienes se ensañan, y
con frecuencia los hombres satisfacen sus deseos torpes y malignos,
contando los pecados de Sus prójimos. Es bien difícil evitar la
murmuración porque con frecuencia nos ataca bajo disfraz. ¡Hablamos
movidos de una indignación noble, generosa, pura, en contra de estas
criaturas viles! ¡Servimos al diablo a impulsos de nuestro celo por
Dios! ¡Sólo con el fin de castigar al trasgresor, caemos en este
pecado! "Así se justifican las pasiones," como dice alguien, y nos
hacen cometer el pecado bajo el velo de la santidad.