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"No murmuréis los unos de los otros," dijo el apóstol. Este es un
mandamiento tan claro como el que dice: "No matarás."
Sin embargo, ¿quién es aquel, aun entre los cristianos, que respeta
ese mandato? ¡Cuán pocos son los que lo entienden! ¿Qué es murmurar?
No es lo mismo, como suponen algunos, que mentir o calumniar. Lo que
dice el murmurador puede ser tan cierto como la Escritura, y sin
embargo, es murmuración. Porque murmurar no es otra cosa sino hablar
mal de una persona ausente; contar algo malo, que dijo o hizo alguno
que no está presente. Por ejemplo: Habiendo visto a cierto individuo
en estado de embriaguez, o habiéndole oído jurar y blasfemar, voy y lo
cuento en su ausencia. Esto es murmurar. Hablando más claramente se
llama denigrar. No es muy diferente de lo que por lo general se llama
chismear. Si se cuenta el chisme en voz baja y de una manera reposada,
tal vez entretejiendo palabras que expresen nuestros buenos deseos
respecto de la persona aludida, y las esperanzas que abrigamos de que
las cosas no sean tan graves como parecen, entonces se llama
cuchicheo. Pero de cualquier modo que se haga, siempre es lo mismo, es
la misma cosa, la misma en sustancia aunque sean diferentes las
circunstancias es murmurar. Si mencionamos las faltas de alguna
persona que esté ausente y que por lo tanto no pueda defenderse,
hollamos bajo nuestras plantas el mandamiento: "No murmuréis los unos
de los otros."