Día 20
Como evitamos la murmuración
Por John Wesley
Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú
y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Más si no te
oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres
testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la
iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.
(Mateo 18: 15-17).
¿No hay medio de evitar este peligro de la murmuración?
Indudablemente que sí lo hay. El Señor ha señalado claramente la vía a
los que le siguen, en las palabras que hemos tomado por texto. Ninguno
de los que andan con paso seguro y firme por este camino, caerá jamás
en el pecado de la murmuración. Esta regla es un antídoto infalible o
un remedio seguro de este mal. En los versículos anteriores dice
nuestro Señor: "¡Ay del mundo por los tropiezos!"-fuente de mal que
producirá miseria indescriptible en el mundo (tropiezo es todo aquello
que hace vacilar o que estorba a uno en el camino estrecho) -"porque
necesario es que vengan tropiezos." Es natural que vengan; tal es la
malicia, la torpeza y la debilidad humana. "Mas, ¡ay de aquel hombre"-
desgraciado del hombre-"por el cual viene el tropiezo!" "Por tanto,
si tu mano o tu pie te fuere ocasión de caer"-si el pasatiempo más
agradable, si la persona más útil y amada te hace salir del camino
recto-"córtalo y échalo de ti."